¿Sabes cuál es la peor parte de planchar? No es el calor, ni las horas perdidas, ni la camisa que se empeña en arrugarse en el sitio equivocado. Es hacer todo eso y luego… que nadie lo vea. Es como preparar una cena con estrella Michelin y comértela solo, a oscuras, en una habitación sin ventanas.
Ahora imagina lo contrario: cada sábana estirada, cada funda de almohada impecable, cada toalla que parece salida de un anuncio de hotel — todo fotografiado como si fuera la pieza central de una campaña de lujo. Y luego, pub...
