Si hay algo que une a los lisboetas es el odio secreto a la tabla de planchar. No importa si vives en un estudio en Alfama o en un dúplex en Telheiras: el montón de ropa arrugada siempre crece más rápido que tu paciencia. Y cuando la lluvia ligera amenaza (aunque solo sean 0 mm, la posibilidad existe), el drama aumenta: la ropa no se seca, las camisas se arrugan y la plancha parece un objeto de decoración vintage.
Ahora, con las búsquedas de limpieza en seco disparándose un 155% en Lisboa, lavandería a s...
