Está lloviendo en Lisboa. Otra vez.
Las calles de Alfama se convierten en riachuelos instantáneos, el tranvía 28 va repleto de paraguas goteantes y tú, en casa, miras esa montaña de ropa que ocupa estratégicamente la silla de la esquina. Camisas, camisetas, pantalones, ese vestido que compraste en la Feira da Ladra hace tres semanas — todo arrugado, esperando un milagro que no va a ocurrir.
El pronóstico del tiempo dice que la lluvia ha llegado para quedarse. ¿Y sabes lo que eso significa? La hum...
