Si hay algo que un lisboeta conoce mejor que el sonido del tranvía es la desesperación de despertarse un sábado lluvioso, mirar el tendedero y darse cuenta de que la ropa que iba a usar en la feria tiene aspecto de lechuga mustia. El pantalón de lino que debería estar seco parece una esponja, la camiseta comprada en Sarah Negra el mes pasado se ha encogido solo con la humedad de la ventana y la camisa blanca que servía para los Godôs ya ha cogido unas arrugas tan artísticas que parecen el empedrado portugués. Sí, la lluvia ha llegado a Lisboa,...

Lluvia y planchado: prepárate para ferias y eventos en Lisboa
Si hay algo que un lisboeta conoce mejor que el sonido del tranvía es la desesperación de despertarse un sábado lluvioso, mirar el tendedero y darse cuenta de que la ropa...