La maldición de la lluvia en Lisboa y la pila de ropa por planchar
Te despiertas, miras por la ventana y ves ese gris mojado que parece encargado por la Asociación de Tendederos Tristes. La ropa que lavaste el martes sigue húmeda, oliendo a moho y con más arrugas que una reunión de vecinos. Mientras, la pila de camisas por planchar crece como una suscripción mensual que no pediste. Si hay algo que pega con Lisboa es el chirrido — no el barrio, sino el sonido de la plancha de vap...
