Lisboa está hirviendo. Literalmente. Cuando los termómetros alcanzan los 38°C y tu casa parece más una freidora de aire gigante, lo único que apetece es quedarse quieto en el rincón más fresco de la casa — preferiblemente con una bebida helada y cero responsabilidades. Y justo aquí es cuando el cesto de la ropa por planchar empieza a crecer como si tuviera voluntad propia.
Si ya has intentado coger la plancha en un día de calor intenso, sabes de lo que hablo. El vapor sube, la frente empieza a sudar, y la camisa que debía ... (total 10198 chars)
