Con este calor, planchar puede ser peor para tu ropa que no planchar.
Parece una exageración, pero no lo es. Cuando Lisboa alcanza los 30 °C y la humedad se pega a la piel como una segunda camiseta, lo último que te apetece es encender la plancha. El problema no es solo el sudor que te corre por la frente mientras intentas domar una camisa de lino. Es que, en estas condiciones, la plancha puede convertirse en un enemigo silencioso de tus prendas favoritas.
Si vives en un apartamento típico de Graça o Alfama, sin el...
