Seamos honestos: estar en casa a 32 grados a la sombra con una plancha de vapor en la mano es una forma de tortura que no le deseamos a nadie. Ni siquiera al vecino que te despertó con obras a las 7 de la mañana. El verano lisboeta llegó para quedarse, y con él esas ganas nulas de convertir el salón en una sauna solo para tener una camisa presentable.
Pero el calor no es el único culpable. Mientras la lluvia de verano amenaza (3 mm, 68% de probabilidad, dicen los meteorólogos que claramente nunca intentaron secar ropa en un tended... (total 15452 caracteres)
