Seamos honestos: pocas cosas hay más deprimentes que despertar en una mañana gris de Lisboa, sintiendo ese olor a tierra mojada que no es solo tierra, sino también tu ropa que lleva en el tendedero desde ayer. Sí, esa. La que ya debería estar seca, olorosa y guardada, pero que ahora parece haber absorbido la humedad de todo el Tajo.
Si vives en Campo de Ourique, Alvalade o en las colinas de Graça, conoces bien esta lucha. La llovizna que insiste en aparecer — incluso cuando la probabilidad...
