Era una mañana de agosto en Alfama. El olor a sardinas aún flotaba en el aire, pero el nuevo anfitrión de Airbnb miraba fijamente el montón de sábanas arrugadas y sentía cómo el pánico subía. Los huéspedes llegaban en tres horas y la lavadora acababa de terminar el ciclo. Fuera, el cielo amenazaba tormenta — 87% de probabilidad, según el pronóstico — y tender la ropa en el balcón era una invitación al desastre. Fue en ese momento cuando descubrió IroningHero. Dos horas después, las sábanas estaban impecables.

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